"Ruta de la cola de
Caballo", en el Parque Nacional de Ordesa, Huesca
Por Lana y Roberto.
Si quieres
aprovechar un día al aire libre, contemplando lo mejor que
nos puede ofrecer la naturaleza, hacer deporte y encima
gastando muy poquito (muy bueno, muy bonito y muy barato),
os recomiendo esta ruta pirenaica, en el maravilloso entorno
del Parque Nacional de Ordesa, en los Pirineos aragoneses.
El viaje: salimos un
viernes de noviembre prontito por la mañana, desde Zaragoza con
dirección a Torla, que es el pueblo de entrada al
parque (las coordenadas de este pequeño pueblo son:
42º37´40´´ N 0º6´ee´´O).
El viaje es sencillo desde la capital maña
(un poco más de 2 horas sin correr): los primeros
90-100 km los hacemos por la N330-E7 y luego seguimos hasta
Biescas por la N-260, para tomar ya luego la carretera
local, que por Yésero y Fragen nos lleva a Torla. Una cosa
que está muy bien es que no haya peajes, a diferencia de
carreteras similares de otras provincias españolas..., donde
una vez hemos pagado un peaje, hay que ir preparando el
cambio para el siguiente y así sucesivamente... Aquí
llegamos al destinos sin tener que parar ni siquiera para
pagar peajes... :)
En Torla habíamos
reservado en el hotel Edelweiss para pasar la noche;
el hotel está bastante bien; es sencillo pero es muy limpio,
con habitaciones tranquilas y grandes. 50 euros para 2
personas. El buffet libre en el desayuno tiene de todo.
Tiene en la puerta un parking para 11 o 12 coches, y
teniendo en cuenta que habrá unas 30 habitaciones y la gente
se va moviendo desde/hasta el Parque en coche, puedes
encontrar plaza libre con cierta facilidad.
Os pongo los datos del
hotel, que os recomiendo:
C/ Ordesa, 1, 22376 Torla Tef.
974 48 61 73
Vistas de los Pirineos al fondo, llegando desde Zaragoza.
Día muy despejado, sólo encontramos un poco de niebla justo
antes de llegar a Biescas.
Vistas desde Torla, justo enfrente del hotel
Edelweiss. Al fondo, las montañas de Ordesa.
En Torla con sol, pero a 10 ºC; la manga corta se debe a que
estaba recién salido del coche y con mucho optimismo!.
:)
Una vez dejamos las cosas en el
hotel, a eso de las 11:00, nos dirijimos inmediatamente en
coche al Parque Nacional de Ordesa. La carretera
tiene sus curvas, con mal asfalto, pero son sólo 6
kilómetros (ten en cuenta que en Semana Santa y verano hay
que dejar el coche en Torla e ir a pie o tomar el autobus
hasta el Parque, ya que no es posible llegar en coche). Se
aparca a la llegada en la llamada "Pradera de Ordesa",
que es una amplia zona donde caben muchos vehículos (en
teoría cada día el máximo número de visitantes en el Parque
es de 1500, pero en realidad, ni hay que sacar entrada, ni
vimos que nadie contase personas o coches, así que debe ser
un número "aproximado"). Como consejo, aparca el coche al
final, porque a la vuelta de tu ruta, te puede pasar lo que
a nosotros, que después de 20 km, los 200 extras que andamos
por el parking, por dejar el coche al principio fueron los
peores... :)
Y bueno, ya situados en el
parking (al principio del todo -!-) nos decidimos presurosos
y con buenos ánimos a tomar la mejor ruta del Parque
Nacional de Ordesa, que es "La Cola de Caballo". En
la imagen inferior podéis ver un esquema de la misma.
Se empieza en la Pradera a unos
1000 metros de altitud y se llega a la llamada Cola de
Caballo; La Cola de Caballo es una cascada preciosa,
nacimiento del río Arazas, que nos acompañará en todo
el trayecto. Está situada a unos 1785 metros. El recorrido
es de 10 km de ida y 10 de vuelta, por el mismo
camino. Como comprenderás y aunque el camino en muchas zonas
es sencillo, el recorrido son 20 km, con desnivel en la
primera parte de unos 800 metros. Aunque la vuelta sea
"cuesta abajo", en realidad conviene tener una mínima
preparación física, calzar un buen calzado y tener unas 7
horitas para poder disfrutar de este trayecto. Calcula bien
el tema de la duración del trayecto, ya que unos compañeros
que estuvieron en el mismo hotel nos contaban que se les fue
la hora, volvieron cansados y tuvieron que caminar 1 hora a
oscuras.
Esta es la panorámica que verás
al inicio de la ruta, con los collados al fondo, que nos
acompañarán buena parte del camino.
Este es el camino en la primera
parte de la ruta, rodeado por una gran frondosidad de
árboles, . El camino estaba bastante sombrío y la sensación:
la de estar rodeado por un bosque potente y un entorno
enorme.
Al principio, tras pocos metros,
verás de lejos lo que en principio parece la forma de una
farola, pero en realidad tiene una pequeña figura con la
Virgen del Pilar arriba. Poco después verás los letreros
verdes que indican las rutas. La nuestra es la de la
derecha.
El camino es
ancho y sencillo, picando un poquito hacia arriba. Llegas a
un primer puente, desde el que salen fotos bonitas; el agua
es muy clara y fría y el panorama alrededor frondoso y
esplendoroso. El río lo tienes a la ida siempre a tu derecha
y en adelante depende de donde estés en la ruta, lo verás y
oirás o desaparecerá por completo, porque tu estarás a una
altura y el río mucho más abajo, escondido entre los
árboles.
Una vez pasado el primer puente y al cabo de unos 40 minutos
escucharás el estruendo del agua, que te indica que estás en
la cascada de Arripas.
Seguimos andando con las fuerzas
del empezar (!), y nos vamos metiendo entre el poderoso y
gigante valle del río Arazas; son paredes bastante
verticales, que en aquel día de otoño las poblaban las
arboledas, formando mezclas de colores rojizas,
amarillentas, verdes... Bonito de verdad.
Cascada de Arripas. Cuando
llegas a ella, si no quieres seguir más, puedes darte la
vuelta por el mismo camino o bien cruzando un puente que te
devuelve a la pradera de Ordesa por la orilla contraria.
Paradita para beber agua (cogida
en el Arazas, por cierto, en una fuente que verás a esta
altura de la ruta).
Estas son las paredes que a
ambos lados forman el valle del río. "Agarrados" a las
mismas, árboles de colores otoñales: amarillos, marrones,
rojos,...
Más adelante, y siempre subiendo
por el camino, encontrarás la cascada del Estrecho.
Es interesante que te acerques bien para ver la caída, y
contemplar el espléndido fondo de la cascada, que ha formado
por erosión, una cueva enorme en las rocas del entorno. El
azul cristalino, el estruendo, la altura de la cascada y las
paredes del valle la hacen parada obligada. Por cierto, esta
foto inferior la hizo un amigo que encontramos en esta zona,
cuya peculiaridad es que tenía una preciosa cámara de fotos
profesional, hacia la ruta en solitario y andaba en muletas
(!). Lo más interesante es que al cabo de unas horas nos lo
volvimos a encontrar en la parte más alta, a 1785 metros...,
con el mismo vigor y ánimo que en esta zona de la cascada.
Todavía nos estamos preguntando de donde sacaba el ánimo y
la técnica para poder subir hasta arriba apoyado en 2
muletas. Sorprendente y fuerte ejemplo de lo que las
personas pueden hacer si utilizan el poderoso motor que hay
dentro de la cabeza adecuadamente. Después de conocerle ya
no nos dijimos más lo de "me duelen un poco los pies" o
"estoy algo cansado".
Cascada del Estrecho, a unos 5
km del inicio. Una pena que para sacar una mejor foto haya
que asomarse demasiado al precipicio..., porque tiene una
altura por lo menos de 5 veces la que se ve en la imagen.
Después de la cascada, vamos ya
subiendo con fuerza entre un bosque incipiente de hayas. Un
hayedo, que en otoño tiene una preciosa alfombra
roja, como podéis ver en las fotos. Muy bonito, tanto que
parecía un decorado.
Extraordinario hayedo: colores
blancos, verdes y rojos en un paisaje fuera de serie.
Exagero?...
Más adelante escucharemos otra
vez el sonido del río. Volvemos a encontrarnos con el
Arazas, en la cascada llamada: las gradas de Soaso.
Son "gradas" pues parecen escaleras perfectamente talladas
por algún gigante que tuvo un día el capricho de darles esta
forma. Es una forma "poética" de decirlo, pero la verdad es
que lo parece! :)
A partir de
las gradas de Soaso, el camino sube en zig zag rápidamente,
como podéis ver en la perspectiva de la foto inferior o en
la siguiente, donde ya estamos tomando altura por la
"escalera" empedrada, que va dejando abajo al río.
La escalera
está perfectamente construida, así como todo el camino
anterior y posterior a la misma: bien señalizado,
perfectamente delimitado y bordeando lo más bonito del
paisaje.
Gradas de Soaso.
Gradas de Soaso
Dejando atrás las gradas de
Soaso y tomando más altura por las escaleras.
Más adelante encontramos este pasillo donde las rocas nos
hacen de techo ("techo con goteras", porque nos van cayendo
gotitas de agua).
Estamos ya en la antesala de lo
que para nosotros, en particular, resultó lo más bonito y
sorprendente de la ruta: el circo de Soaso.
Este circo es
un enorme entorno, con verdes praderas, pequeñas cascadas y
riachuelos de aguas transparentes. Está rodeado por
preciosas paredes de roca. Hay muchos menos árboles y a
decir verdad, al principio parece un paisaje irreal (de los
que te envían en las postales o se ven en la tele).
Además y
contradiciendo la lógica aparente, pasamos de los 8 ºC de
varios cientos de metros más abajo en la ruta, a un sol
radiante y a nada menos que 16 ºC en el circo de Sosao, a
1785 metros y en noviembre...
Imagino que
se debe en parte a que la maleza del camino inferior no deja
apenas llegar la luz del sol al camino en todo el día,
mientras que arriba, al descubierto, el sol de aquel día sin
nubes iluminaba de lleno el paisaje e hizo que del abrigo de
invierno pasásemos a la manga corta en un par de kilómetros
(esta transición, sin embargo, fue paulatina, imagino que
por lo que de curiosa tenía en un primer momento).
Pasillo antesala del circo de
Soaso.
Justo antes de entrar en el
circo de Sosao. Se intuía el cambio en el paisaje, y en el
cambio de luminosidad del mismo...
"Esto es otra cosa! Vaya
solecito!" (y ya verás cuando te des la vuelta para
ver el paisaje...) :)
Descanso en la caseta del circo de Sosao,
a 1 km de la llegada, con 8 ºC más que al inicio y dos cazadoras
y un sueter menos.
Foto "estival" en pleno
noviembre, con el
Monte Perdido al fondo (la gente que lo asciende
suele llegar hasta el refugio de Góriz -1,5 km desde
la Cola de Caballo- y luego emprenden esta conocida escalada
pirenaica).
Después del descansito en la caseta, continuamos un
kilómetro más hasta la cascada de la cola de Caballo,
final de la ruta, tras 10 kilómetros de subida... Allí había
varios grupos de personas descansando, disfrutando del sol,
comiendo, reponiendo fuerzas,...Contamos más o menos a 25-30
personas; algunas volvían y otras iban llegando (entre
ellas, cuando decidimos regresar y a un kilómetro de la
cascada, estaba aquel hombre de las muletas que encontramos
y con quien nos cruzamos fotos en la cascada del estrecho).
Fue sorprendente verle allí, la verdad... Llevaba la misma
sonrisa que 6 kilómetros más abajo...
Bueno, y ya la
vuelta fue otra cosa... Más lenta, a pesar de ser cuesta
abajo, sacamos menos fotos (en total unas 250...), con
alguna rozadura molesta, pero con la sensación de estar en
un sitio de los que hay pocos.
Una lástima
que la cámara de fotos no sea profesional, pero aunque así
fuese creo que no haría justicia a esta zona del Pirineo,
que sin duda hay que pisar para poder apreciar.
Cascada Cola de Caballo. Observe
su tamaño teniendo como referencia los 2 puntitos de la
parte media de la derecha de la foto (2 turistas).
Os recomendamos
la Ruta de Cola de Caballo, en el Parque Nacional de Ordesa.